Por su parte, Manuel Aranda afirmó
que la familia Huertas Campos simboliza el espíritu emprendedor de
Lucena y de la industria de la madera, mientras que el primer edil de Lucena
celebró que la silla gigante será un paradigma de Lucena en
el mundo. El presidente de la Asociación para el Desarrollo Industrial
y Tecnológico de Lucena (ADITEL), Antonio Pineda, repasó la
historia del mueble lucentino.
Los 27 metros de altura convierten a la silla lucentina en
la más grande del mundo hecha hasta el momento según certificación
del Libro Guiness de los Récords, batiendo la marca de la silla de
18 metros levantada en Udine (Italia). Juan Luis, Francisco, Alberto y Antonio
Huertas quieren con esta iniciativa homenajear a todos los profesionales lucentinos
del sector del mueble y la madera y en particular a aquellos que les han ayudado
en los últimos ocho años a poner en marcha una de las más
importantes y prestigiosas firmas empresariales de Lucena.
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También
estima la familia Huertas que con este monumento devuelven a Lucena
todo lo que la ciudad les ha brindado a lo largo de su trayectoria empresarial,
iniciada a mediados de los años 90, cua ndo
los cuatro hermanos decidieron comenzar su singladura en la actividad
del mueble, en una pequeña nave de 300 metros cuadrados, hasta
llegar a poseer hoy en día seis grandes naves, un grupo empresarial,
y una fabricación semanal de 8.000 sillas, el elemento más
conocido de la producción de Hermanos Huertas. El caso de esta
saga es similar al de otras muchas familias lucentinas, que partiendo
de la nada y a base de esfuerzo, trabajo y tesón han prosperado
notablemente y han hecho de su villa natal un emporio económico
que, gracias a la silla gigante, recordará tanto a quienes contribuyeron
a su desarrollo y ya no están como a los que siguen en la brecha,
mirando también al futuro con el mismo espíritu emprendedor
que constituye la fortaleza de su presente.
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La silla, réplica exacta de un
modelo real y comercial, es de madera maciza laminada de pino silvestre,
con 27 metros de altura equivalente a un edificio de 9 plantas. Ocupa
una superficie de 100 metros cuadrados de planta y la superficie total
del conjunto alcanza los 800 metros cuadrados. Le ha sido aplicado un
tratado de autoclave y cuenta con 230 metros cúbicos de madera,
con los que se podrían fabricar 9.200 sillas normales, y un peso
comprendido entre los 115.000 y 120.000 kilos. Es autoestable y se eleva
en el suelo mediante esferas metálicas. Los ventanales que iluminan
el interior del asiento, que alberga un museo dedicado al sector de
la madera que hace además las veces de sala de juntas, son de
una altura de 1,70 metros y dicho asiento dispone de una cubierta con
un desnivel del 2%. Se puede acceder a su interior desde unas escaleras
o desde un ascensor situado en la parte posterior, a unos metros de
distancia, que comunica con una pasarela que da acceso al asiento.
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Diseñado
por técnicos del Consorcio Escuela de la Madera de Encinas Reales,
la idea surgió originariamente en 2001 cuando Hermanos Huertas propuso
que los alumnos del centro fabricaran una silla de 2,5 metros de altura para
exponerla en ferias. En julio de 2002, nació el proyecto de hacer la
silla más grande del mundo, de 27 metros de altura, que superaría
a otras existentes como la silla de 6 metros y tres patas fabricada en Bélgica,
la de 14 metros creada en Portugal y la más alta hasta la fecha, con
18 metros, la ya mencionada de la localidad italiana de Udine. Seguidamente,
los técnicos del Consorcio Escuela comenzaron a determinar cuáles
serían los materiales más adecuados, a estudiar el proyecto
y a buscar las empresas de ingeniería y de fabricación que pudieran
materializarlo. De éstas últimas, se presentaron tres candidaturas
en noviembre de 2002, más una cuarta compañía en mayo
de 2003 que finalmente fue seleccionada en noviembre de ese año para
construir la silla, comenzando seguidamente el pertinente proceso administrativo.
En enero de 2005 tuvo lugar el acto de colocación de la primera piedra
y el comienzo de la construcción de la silla.