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Los miembros de ANFTA -Asociación Nacional de Fabricantes de Tableros- producen unos 5 millones de metros cúbicos al año de tableros de partículas, unos 1,9 millones de MDF y 0,15 millones de hardboard. Se produce más de lo que absorbe el mercado ibérico; por eso se exporta. Las exportaciones más importantes son las de MDF, ya que es un producto con más valor añadido, aunque también es constatable un incremento de la exportación de tablero aglomerado.
ANFTA sólo tiene ámbito español y acoge 9 miembros, que componen la totalidad del sector. Por tanto, no cabe esperar incorporaciones en los campos del aglomerado o el MDF. Sí las habrá del de contrachapado, colectivo que va a incorporar próximamente a la Asociación varios fabricantes.
Todas las empresas, excepto Tafisa, son de capital enteramente español. Finsa tiene una planta (Lusofinsa) en Portugal. Tafisa tiene mayoría de capital portugués, aunque cotiza en la Bolsa española.
El sector padece un grave problema de déficit de materia prima. Por una parte, los restos de madera en monte e industria, la madera reciclada y los rollizos de pequeño diámetro son escasos y costosos. Su importación es prohibitiva, y provocaría una falta de competitividad en toda nuestra industria del panel.
ANFTA propugna que el uso sostenible de la madera garantiza materia prima para fabricar productos y también para la obtención de energía. El sector español del tablero produce más de 500 Mwh térmicos, lo que evidencia que es el más importante generador de energía térmica a partir de biomasa y su evidente apoyo a esta energía renovable.
Hace años se llevó a cabo una reconversión industrial, eliminando plantas con obsolescencias tecnológicas, por lo que las actuales tienen un alto nivel tecnológico a la misma altura de los mejores fabricantes del mundo. En los últimos diez años, las empresas del sector han invertido unos 1.680 millones de euros, esencialmente para ampliar su capacidad de producción, bien construyendo nuevas plantas o mejorando las existentes, así como para poder utilizar restos de madera como materia prima y para reducir o eliminar emisiones a la atmósfera.
Las fábricas han reducido considerablemente el consumo energético. Todas las plantas generan la energía térmica que precisan, fundamentalmente a través de calderas de biomasa. Se tiene una gran sensibilidad y se seguirá mejorando la eficiencia energética, aunque el margen es ya muy escaso.
Las altas inversiones tecnológicas llevan incorporadas rigurosos controles de seguridad, muy por encima de la normativa exigida en el sector de la madera. Además la práctica totalidad de las plantas tienen las ISO 9000 y 14000, además de la certificación de gestión forestal sostenible, con su consiguiente cadena de custodia.